Los clientes de la prostitución son cómplices de la trata

En 1999 Suecia aprobó la primera ley europea que prohibía la prostitución, desde entonces otros muchos países se han sumado con legislaciones muy parecidas  que consideran que solo se puede luchar con la prostitución castigando a los clientes, es decir penalizando a  quienes demandan servicios sexuales. Países como Canadá, Noruega, Islandia, han aprobado legislaciones de esta naturaleza, el último incorporado ha sido Francia.

El parlamento europeo en el año 2014 aconsejó a los países miembros de la unión que adoptaran también legislaciones que penalizan la demanda y utilización de servicios sexuales. En realidad el castigo de los clientes que supone en la práctica un paso intermedio entre las dos grandes opciones que se debaten en estos momentos.

El primer modelo que se denomina de regulación esta liderado por Holanda y otro países como Dinamarca o Alemania. Consiste en plantear que la prostitución es un mal que queremos evitar, pero mientras no se pueda evitar, es prioritario proteger a las mujeres que se ven obligadas a ejercerlo. El problema de este modelo es que en todos los países en los que se aplica no se ha observado ni mucho menos una disminucion de la prostituciÓn sino al contrario un aumento,  y además de alguna manera es un modelo que perpetúa las condiciones para que las mujeres sigan teniendo este oficio como una salida a a sus dificultades económicas.

En el polo opuesto se sitúan las teorías abolicionistas que consideran que existe prostitución porque hay demanda de prostitución, y si hay prostitución hay trata de mujeres. El símil que ponen muchas veces es que al igual que en tiempos de la esclavitud había trata de esclavos porque se demandaba la esclavitud en estos momentos hay trata de mujeres porque hay prostitución.

Todos los estudios que se han hecho hasta ahora  indican que de todas las mujeres que se dedican a las prostitución  la inmensa mayoría están en situación forzosa, no querrían ejercer la prostitución y alguna de ellas incluso han sido secuestradas con engaños y con violencia o por la fuerza de sus países,  que en la mayoría de las veces han sido llevadas a terceros países y viven en condiciones de esclavitud que en muchos casos implican altísimas situaciones de violencia y explotación.

Los clientes no son inocentes y no pueden ignorar que una parte muy importantes de las mujeres que contratan para satisfacer sus deseos sexuales son mujeres que no están ahí por su voluntad, y por lo tanto son cómplices necesarios de un delito que afecta a los derechos humanos de esas mujeres y de la sociedad en general.

Gema Pin Vilela. 2A3

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